Nos ganaron el lugar que jamás deberíamos haber perdido. La memoria.
Nos convirtieron en una verdadera sociedad "derecha y humana".
Aceptamos mansamente que la evolución social pasaba por el lenguaje inclusivo, por los autopercibimientos, por el matrimonio igualitario, por los planes sociales, por plantar nuestro cannabis, por moquear escuchando la vieja trova cubana y mostrar y demostrar nuestra sensibilidad cuidando perritos de la calle. Nada de eso está mal, por supuesto, el problema es que se convirtió en lo política y humanamente correcto de este lado de la grieta.
Lo mismo pasa con los derechos humanos, convertidos en una abstracción por el mero recuerdo de las atrocidades cometidas por milicos, curas, empresarios y civiles hijos de puta.
La violación a los derechos humanos son la consecuencia de un sistema de exterminio que comienza mucho antes que el 24 de marzo de 1976. Ya para la inexistente revolución de mayo de 1810 el asesinato político y la persecución eran moneda corriente. La declaración de la independencia de 1816 trajo las mismas consecuencias, ni hablar de 1853 después de Pavón y Caseros, cómo siguió la historia durante los siguientes 50 años en la provincia de Buenos Aires con fusilamientos, decapitaciones, capamientos y asesinatos de niños descendientes de rosistas y todo tipo de abusos.
Otro hito, 1955, prohibiciones, fusilamientos, persecuciones, proscripciones y hasta el robo de un cadaver.
El 76 es historia conocida, en mi caso la viví como muchos de ustedes, otros la habrán estudiado, y los interrogantes siguen siendo los mismos para todas esas estapas históricas.
¿Que desencadenó esa metodología?
¿Por qué solo recordamos el horror como consecuencia de unos hechos históricos?
¿Por qué no reivindicamos y recordamos las luchas que desencadenaron en represión y muerte?
¿Que miedo nos atenaza y nos prohíbe recordar y festejar el copamiento de un cuartel, la toma de una comisaría, el juicio popular la sentencia y la muerte del terrorista de estado Pedro Eugenio Aramburu?
¿Quien, como, por qué, silenció los motivos a que generaciones de jóvenes a lo largo de la historia se volcaran a una lucha abierta contra la entrega y la opresión?
¿Quienes fueron siempre los vencedores?
¿Nuestro triunfo es esta democracia?
¿Nuestro objetivo es no perderla pese al hambre y al despojo?
La memoria que perdimos es negar las luchas y sus motivos, ocultar nuestra militancia pasada, cuidarnos de no parecer demasiado peronsitas, avalar como algo progresista gobiernos socialdemócratas como el de Alfonsín, el segundo mandato de CFK o el de Alberto Fernandez y tragar sapos con los ultra conservadores, para preservar el intocable y supremo sistema democrático.
Desde este humilde lugar, mi memoria y agradecimiento para los Moreno, los Belgrano, los Dorrego, los Rosas, los Perón, los Cooke, los Firmenich, los Santucho, los Abelardo Ramos, los Milcíades Peña, los Jauretche, los Gelman, los Urondo, los Ramus, las Arrostito, los Conti y miles y miles más que honraron la vida por un proyecto verdaderamente nacional y popular.
Jamás a los Lavalle, los Sarmiento, los Mitre, los Rojas, los Menem, los Macri, los videla ni los Verbitsky.
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